¿Follarse al enemigo?

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Leda and the Swan | Pintura erótica atribuida a Francois Boucher | 1703 – 1770

Estos días están moviéndose mucho por redes sociales un artículo de Pilar Aguilar, en la revista Tribuna Feminista, que ha titulado ¿Dulcificar el patriarcado llamándolo “heteropatriarcado”?, en el que la compañera critíca el uso del término heteropatriarcado porque, a su entender, con su uso se “ignoran, se diluyen y difuminan las demás caras del avasallamiento salvaje que el patriarcado práctica sobre las mujeres”.

Alude en su argumentario a que las opresiones que sufrimos mujeres y niñas en todo el mundo van mucho más allá, que no se de dan “solo en el sexual y no solo obligándonos a ser heterosexuales”. Esto es innegable, pero para mí hay dos argumentos que me enfrentan directamente al planteamiento de Aguilar. Por un lado, el feminismo tiene que saber adaptarse a cada uno de los contextos. Las comunicadoras feministas sabemos bien que no siempre es útil hablar ni siquiera de ‘patriarcado’ porque un requisito indispensable para la comunicación es saber adaptar el mensaje a las personas receptoras. El pensamiento feminista, igual que cualquier ideología con la que queramos influir en el pensamiento de la sociedad, tiene que saber adaptarse a los distintos contextos en su lenguaje. Claro que no podemos predicar con Butler. Esto, sin embargo, no puede ser la razón por la que el feminismo siga obviando cómo la heterosexualidad influye directamente en las violencias que sufrimos las mujeres. Vaya, que una cosa es que no siempre sea útil hablar de heteropatriarcado y otra, muy distinta, no reconocer que es un término más preciso y completo.

En segundo lugar, y este es para mí el principal argumento: hablamos de heteropatriarcado porque la heterosexualidad es la principal herramienta del sistema patriarcal para perpetuarse. Escuece, claro, porque implica asumir que quizá tengamos que señalar a los hombres de nuestro entorno como los culpables de las violencias que sufrimos, pero el heteropatriarcado se encarniza en mi padre, en mi hermano y en todos vuestros maridos. Ellos son el engranaje, el mecanismo. Pueden serlo, además, porque les queremos.

Si no hemos conseguido derrocar el patriarcado aún es porque se sustenta en los vínculos más íntimos. Es una estructura social, obvio, pero sus pilares se asientan en casa. Si sólo se tratase de desigualdades a nivel político, económico y social, estaríamos más cerca de derrocarlo. Si sigue tan instalado en nuestras vidas es porque esa desigualdad nace y brota en nuestra vida más personal. Estamos jodidas, muy jodidas, porque los que nos matan, agreden, ignoran, invisibilizan… son los hombres de nuestro entorno más cercano. Algunas, os follais al enemigo. Las desigualdades salariales siguen siendo el pan de cada día porque, bajo la premisa de heterosexualidad, el sueldo de las mujeres sigue siendo el sueldo secundario. Seguimos sin estar en la primera línea política y empresarial porque, bajo la lógica heterosexual, no se nos educa para escalar sino para formar familias; miles de mujeres siguen siendo víctimas de la ablación para preservar una pureza que culturalmente se les quiere entregar a ellos; el debate de la gestación subrogada está sobre la mesa porque uno de los principales mandatos del patriarcado, que se encarniza especialmente en la heterosexualidad, sigue siendo formar una familia. La autonomía de las mujeres y nuestra liberación es incompatible con la heterosexualidad. Sólo cuando seamos completamente independientes de los hombres a nivel emocional dejarán de matarnos y no me refiero a lograr una autonomía individual sino como clase. El prefijo hetero del patriarcado no sólo evidencia esto sino que hace palpable que la heterosexualidad es una de las principales razones por la que el sistema patriarcal sigue indemne. Indemne porque hay un carcelero en cada casa, un carcelero para cada mujer.  Me resulta increíble que desde el movimiento feminista en el que hemos hablado tanto de que lo que no se nombra no existe ahora se niegue la importancia de matizar en cada concepto, de señalar no sólo lo sistémico sino también las herramientas que lo sustentan. Hablar de heteropatriarcado nos señala la estructura y la herramienta. Pérez Reverte, claro, no estaría de acuerdo.

Es un concepto, además, poliédrico, que facilita también que se pueda hablar de las violencias que sufrimos las que no nos relacionamos sexoafectivamente con hombres. Violencias que también están mediadas por la lógica heterosexual. La lesbofobia es tan bestia porque las lesbianas nos hemos atrevido a cuestionar la herramienta con la que el patriarcado nos pretendía someter. Poner en cuestión que es importante hablar de ‘heteropatriarcado’ demuestra que cierto sector del feminismo sigue sin reconocer las aportaciones lésbicas al mismo y el valor subversivo y político de no follarse al enemigo y, sobre todo, de llevar el pensamiento feminista a todos los ámbitos de nuestras vidas sin matices, desde la más pura rabia y radicalidad.

Maricas, bolleras y trans, desde diferentes puntos de vista y en momentos históricos distintos, hemos cuestionado nuestras identidades y deseos para seguir complejizando el pensamiento feminista. Hemos asumido que nuestra forma de follar y la manera en la que somos leídas socialmente responden a una cuestión que trasciende la mera orientación sexual. Es hora, compañeras heterosexuales, que vosotras hagáis lo mismo. La heterosexualidad es también un régimen político.

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13 comentarios en “¿Follarse al enemigo?

  1. El patriarcado, sabes cual es el patriarcado? El patriarcado, está bien dicho también heteropatriarcado, por que el patriarcado viene de PADRE, el padre de las mujeres es heterosexual, por lo que el heteropatriarcado es el concepto que tiene la mujer de los hombres en general, pero el concepto de los hombres en general lo adopta la mujer de su padre, el PATER-DOMINUS. LLegados a este punto habrá que preguntarse, groseramente por que grosera eres,¿ vas a tu follarte a tu padre o lo consideras un enemigo por eso? Pues la elección es de cada una. Hay una clara discriminación en el texto, denota un gran sentimiento de odio hacía el sexo masculino, por que a la hora de hablar de la violencia la inculca en los hombres obviando la violencia que ejerce por ejemplo la escritora de este artículo, así como la violencia que ejercen las mujeres similar a la del contexto en la que nos enfatiza. El resto de hombres con los que se relaciona una mujer, son un reflejo en su mente y siempre buscará los atributos del pater en ellos, por lo que se relacionará sexual y afectivamente con carácteres y personalidades similares en su propio concepto de hombre o al menos lo verá reflejado y se identificará con sus cualidades. Ya veo que le resulta muy difícil explicar a la sociedad donde reside el problema realmente, pero no es un problema lingüistico, no es un problema de la percepción que la pensante tiene de “los demás”, es un problema de conducta sexual en la mujer, eso se intenta esconder haciendo gala de una palabrería de semejante concepto abstracto. No complejicéis tanto que no complejizáis, confundís, o al menos lo intentáis, así como engañar a la gente con una demagógia barata para desposeer a las personas de sus derechos y libertades, todo adornado con una imposición lingüistica donde tacháis de machista a todo el que os rebata los términos como hago yo, condenándonos a todos sin necesidad de juicio cual esclavos de sus señoras fuéramos. Ya que somos tan malvados vosotras no deberíais relacionaros con ningún hombre, por que si relacionarse sexoafectivamente con un hombre es vivir en la cárcel, a la cárcel no se va voluntariamente. Pero claro, a tu padre no lo eliges, el concepto de hombre perverso, malintencionado, el hombre que te follas, cuando es tu padre no has elegido que sea tu padre, has elegido follártelo y después eso minará cualquier otra relación o generará un sentimiento de odio hacía todos los hombres por que los verás reflejados en el concepto que tienes de ellos, el del padre perverso, maltratador e impermisivo o ausente que tienes y con el que anhelas o practicas sexo, con problemas asociados para cada caso. ZASCA!!

  2. No sabía que había tanto desprecio hacia las heterosexuales! Lo digo por los comentarios en tu facebook, Andrea, alucinada me he quedao! Coincido con María A. Secas, no hay que confundir heteronormatividad con heterosexualidad.
    Para mí el enemigo no es el género masculino, no son los hombres, es el patriarcado. Las mujeres no somos víctimas pasivas del patriarcado: somos reproductoras y transmisoras, y podemos liberarnos de la carga patriarcal o quedarnos con ella encima. Me gustaría poder leer acerca de cómo las lesbianas reproducen en sus relaciones todos los roles, estereotipos y mitos del romanticismo patriarcal. Y no sólo en sus relaciones de pareja, sino en su forma de relacionarse entre ellas, y con el mundo entero. Hay poca autocrítica: parece como si todas las lesbianas estuvieran libres de patriarcado solo porque no follan ni duermen con hombres. Y todas sabemos muy bien que el patriarcado nos habita a todas por dentro: heteras, lesbianas, bisex, porque es la estructura en la que nacemos y vivimos, y cuesta mucho desaprenderla, desmontarla, desmitifcarla, cuestionarla.Así que quien esté libre de patriarcado, que tire la primera piedra: esto es un trabajo que tenemos que hacer todas, sin excepción.

  3. Los comentarios me hacen tener fe en que conseguiremos acabar con el patriarcado. El post… No.
    Ole Coral, ole Ray!

  4. La crítica a la heterosexualidad está planteada en las explicaciones sobre el origen del patriarcado. Te lles a Gerda Lenrer, a Adrienne Rich… Textos clásicos. Así también, la posibilidad de superar al patriarcado abandonando a los hombres. No necesitas así, en términos teóricos rigurosos, el neologismo ese “heteropatriarcado”. Y, además, haces algo horrible en tu último párrafo, nos equiparas a las lesbianas con gays y trans. O sea: las lesbianas nos alejamos de las otras mujeres, ¿para acercarnos a estos grupos de hombres? No. No y no
    La opresión que comparto es con otras mujeres, no con otros hombres. Soy mujer lesbiana, mis compañeras de lucha son las mujeres, lesbianas o no. No los hombres, se pongan falda o se maquillen o se follen a otros hombres.

  5. La heterosexualidad es un régimen político, pero al deseo no se le ordena. Es un tema bien complejo, pero tu discurso parece que va por el camino de decirnos a las que normalmente nos acostamos con hombres que debemos dejar de hacerlo para ser coherentes con la lucha. Sí, me follo al enemigo, soy su hija, su hermana y no vengo de ningún lugar mágico ni esencial, estoy enfangada con la complejidad que significa estar viva en una sociedad con múltiples opresiones que se interconectan las unas con las otras.

    Bueno, al final mi crítica viene a comentar que decir que las bolleras, maricas y trans han cuestionado sus identidades sin tener en cuenta el esfuerzo postidentitario del feminismo actual resulta valiente, en el mal sentido, en el sentido heteropatriarcal.

  6. Jo, encadenas tantas tonterías un tras otra que cuesta ordenar la respuesta. Pilar Aguilar argumentando sandeces, ¡qué novedad! Pues voy a contestarle con más sandeces.
    A ver, ¿de verdad crees que el feminismo no ha sabido identificar el mandato heterosexual como eje de la dominación patriarcal?, ¿piensas que el heteropatriarcado es un monstruo indemne y que la decidida lucha feminista y gay de las últimas décadas no ha transformado las relaciones de género, ampliando la posibilidad de una existencia más plena para mujeres y desviadas sexuales?, ¿el patriarcado lo sustentan los hombres y nosotras somos bobas sin capacidad de acción?, ¿a las mujeres solo nos agreden los hombres con los que mantenemos un vínculo, jamás desconocidos, jefes, policías, oligarcas, curas,…?,¿tú sabes lo que es una cárcel para afirmar que los hogares donde hay un hombre es una cárcel para las mujeres que lo habitan?, ¿te han contado que las cárceles son casas de las que no te dan copia de llaves y no puedes salir?, ¿la solución es que todas las mujeres nos hagamos bolleras, así, en bloque: 3.700 millones de bolleras?, ¿qué tipo de clase económica crees que conformaríamos entre las 3.700 millones de bolleras?, ¿nos repartimos el globo terráqueo, mitad para las bolleras mitad para el enemigo? ¿sufre lesbofobia brutal cotidiana una lesbiana de treinta y pocos años hoy en Bilbao?, ¿de verdad no conoces a ninguna mujer heterosexual con los ovarios bien puestos, libre y autónoma?,¿no te sientes ridícula al tratar de aleccionar a las “compañeras heterosexuales” desde un lesbianismo autoerigido como mejor en un contexto en el que, gracias a mujeres y hombres que sí se arriesgaron contra una dictadura y contra una democracia heredera de su machismo, no te juegas nada?…
    Y por último, ¿de verdad crees que el término heteropatriarcado corre peligro de caer en desuso dentro del feminismo? Andrea, tranquila, la palabra heteropatriarcado no va a caer en el olvido de un día para otro.

  7. ” Si no hemos conseguido derrocar el patriarcado aún es porque se sustenta en los vínculos más íntimos.” O porque utilizamos recursos equivocados o aplicados a lugares inadecuados.
    Por ejemplo, cuando contemplamos el machismo-patriarcado-dominador como una enfermedad social que deja en posición más cómoda a las personas con testículos, o cuando obseervamos el patriarcado como una acumulación milenaria de basura en los rincones sociales que ha terminado por inmovilizar al cuerpo social, podemos descubrir otros campos y otras formas de actuación. Podemos encontrar argumentos y estímulos para cada componente del cuerpo social.
    Quizá con una comparación logre plasmar mejor la idea. Seguramente todas hemos visto en nuestra ciudad esas estatuas de bronce a la intemperie, que con el paso del tiempo se van cubriendo se suciedad, mugre, porquería, orín… que el rocede las hojas o de los transeuntes o del viento limpia cobrando un aspecto policromado. El bronce, cuando salió del molde, era amarillo brillante y con la esposición a la intemperie se ha velado su brillo con una capa de suciedad.
    Yo contemplo el machismo como esa capa de mugre (otros hablan de cultura) que se ha ido depositando en la sociedad desde que el matrimonio dejó de ser equivalente al patrimonio. En esa basura acumulada han crecido estructuras como evolucionismo, capitalismo, catolicismo, neoliberalismo… que han engorado la costra de mierda en las zonas que menos uso tienen.
    Hace doscientos años que la mujer ha empezado a sacudirse esa basura, pero el hombre comienza a ser consciente ahora de que el rol establecido no es él. Lamentablemente, arranca de la holgazanería acomodada de ser el centro universal y sus movimientos son torpes y desajustados.
    Con este ejemplo pretendo decir que mirando de otra manera podemos acceder a otros recursos y aplicarlos en más lugares, que para librarnos de esa capa debemos rascar hasta la superficie de la estatua que es la sociedad, formada por cada una de nosotras, personas trasmisoras de cultura impreganda y no procesada.

  8. Leo que tu artículo escuece, Andrea. Sin quitarle la razón a nadie -en pricipio- alabo y agradezco que lleves el radicalismo feminista al cuestionamiento de la heterosexualidad como régimen político.
    Ahora bien… Puesto que incluyes a lesbianas gays y trans en ese cuestionamiento (y estoy de acuerdo, ya que soy trans y lesbiana), ¿no estaría bien seguir reivindicando el término ‘hetero-cis-patriarcado’? La cis-normatividad también es un mandato político, ¿o no?
    Besos

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